En México, el uso de los animales en la medicina, ha sido una práctica tradicional desde tiempos prehispánicos pero, a diferencia de la flora, el concepto "fauna medicinal", no ha sido usado como tal, y por consiguiente no ha recibido el interés suficiente para su estudio a pesar de la gran importancia que reviste el tema, debido a la relación hombre-fauna, aspecto preponderante en el desarrollo cultural de los pueblos.
En el México prehispánico los animales, en particular los vertebrados conspicuos, significaron una fuerza vital incapaz de poseer los humanos, por lo cual fueron admirados, temidos y respetados. El vuelo y bello plumaje de las aves, las garras y ferocidad de los carnívoros y las defensoras ponzoñas mortales de algunas serpientes, fueron entre otras características, motivos suficientes para que los compararan con los dioses, simbolizaran las fuerzas de la naturaleza o sirvieran de vínculo para relacionarse con ellos.
Han servido como protectores de males o infortunios y alivio de enfermedades, en cuyo caso, aunado a un ritual en donde se recurre a una oración, se hace un uso determinado de alguna parte del animal. El empleo de elementos simbólicos ha estado presente en aquellos animales utilizados, ya sea para provocar enfermedades o curarlas. Ejemplo de esto es la carne y grasa de la serpiente de cascabel la cual, poseedora de virtudes especiales, tales como su vigorosa y particular manera de desplazarse y el temor que despierta por el veneno que inyecta al defenderse, es vista como el organismo ideal para curar contra diversos males, pero también toda ella es invocada para causarlos (De María y Campos
1979).
Quien se interese por el empleo de animales en la medicina tradicional mexicana, necesariamente llega a las siguientes interrogantes: ¿Son utilizadas en el presente las mismas especies que se describen en el siglo XVI? ¿Han sido remplazadas unas especies por otras con el fin de que la tradición persista? ¿Qué diferencia hay entre los tratamientos? ¿Cuáles son los factores culturales involucrados en estos cambios?
El Códice de la Cruz-Badiano
Libellus de medicinalibus indorum herbis es el nombre en latín del documento americano más antiguo que hace referencia al empleo de animales para la elaboración de remedios contra enfermedades. La información disponible indica que el texto fue escrito en el centro de México en la primera mitad del siglo XVI, poco después de la conquista española, por el médico mexica Martín de la Cruz, momento en el cual. aunque este territorio ya se encontraba bajo el yugo español, los conocimientos y tradiciones en materia médica se encontraban aún vivos en la mente de numerosas personas, una de las cuales fue este personaje. En la actualidad esta obra es conocida bajo el nombre de "Códice de la Cruz Badiano", debido a que la obra original fue escrita en náhuatl, lengua dominante al final del periodo prehispánico, y que en 1552 fue traducida al latín por el profesor mexica Juan Badiano.
En la obra se hace referencia a 62 tratamientos contra diversas enfermedades, desde piojos o miedo incontrolable, hasta el trabajo de parto o la epilepsia. En la gran mayoría de estos casos los remedios implicaban el uso de mezclas trituradas de plantas diversas, así como materiales de origen animal e incluso también humanos, por ejemplo el pelo o la orina. Las mezclas elaboradas eran frecuentemente hervidas y dadas a beber o bien convertidas en ungüentos, cataplasmas o líquidos que eran untados en las partes afectadas o en el cuerpo completo. También se muestran casos en los cuales el remedio consistía en punzar partes dañadas con huesos afilados de animales y también el portar cierto objeto, por ejemplo una roca determinada, para apoyar el tratamiento.
Anfibios
El ajolote es el único anfibio del cual se pueden encontrar productos medicinales, pues se utiliza como remedio para padecimientos respiratorios como tos y bronquitis así como para diversos trastornos musculares y de las articulaciones. A pesar de que en la actualidad sus poblaciones se encuentran muy disminuidas, por lo cual está protegido, se venden ungüentos mezclados con diversas hierbas para variadas afecciones y desde luego el jarabe para la bronquitis. Aunque este animal era muy abundante en la parte central de México antes de la colonia y se usaba incluso para curar la tuberculosis según relatos de Clavijero (1964 ), no aparece en la obra realizada por De la Cruz (1964), en contraparte, en ésta se indica que las ranas participaban en tratamientos que buscaban evitar la caída del pelo y para tratar fracturas de la cabeza. Se cree que su uso, el cual en ocasiones incluía al animal frotado o quemado en polvo, ha sido sustituido por ungüentos que tienen como base la grasa de otros animales.
Reptiles
Los reptiles aparecen mencionados por De la Cruz (1964) en contadas ocasiones. La sangre de las lagartijas era ingrediente en remedios contra el dolor del pubis, la gota, el corazón, en preparados contra las hemorroides y su cuerpo quemado para actuar contra menstruaciones abundantes.
Sin embargo, en las medicinas tradicionales actuales los reptiles aparecen como el segundo grupo más utilizado, después de los mamíferos. Las tortugas marinas son uno de esos grupos, aunque es posible que su uso medicinal se volviera popular cuando se inició la intensa explotación de las especies, especialmente las marinas, por el simple gusto de comerlas. El caparazón debió ser incorporado a la práctica medicinal, ya que Barajas (1951) y De María y Campos (1979) lo mencionan para aliviar la tuberculosis, padecimiento del cual es difícil su cura. Se encontró en este estudio al animal formando parte de un aceite para afecciones de la piel, en un envase casero sin marca, que hace dudar de la autenticidad del preparado.
Respecto a los lacertilios, del camaleón existen lociones que en la actualidad se emplean para proporcionar bienestar. El aspecto de este animal, con escamas que se asemejan a cuernos, da una apariencia que provoca temor (hay quienes lo consideran venenoso), sin embargo, su conducta dócil
permite manipularlo con facilidad. Es posible que estas características contrastantes le hayan conferido un poder especial como un símbolo de bienestar que se ha mantenido al paso del tiempo.
En el interior de los mercados se puede constatar el uso de la carne de la serpiente de cascabel como remedio contra el cáncer, contra la fatiga, contra problemas musculares y como protector de males. Según testimonios de Barajas (1951) y De María y Campos (1979), de la serpiente se han utilizado carne, vísceras, sangre, piel, colmillos y crótalos en remedios para aliviar todo tipo de enfermedades; también ha sido considerada como un animal agorero. Sin duda, esta poderosa capacidad curativa que se le ha otorgado, está relacionada con la importancia simbólica y mítica que ha tenido desde tiempos prehispánicos (especialmente las especies venenosas), la cual descansa en su particular modo de locomoción y su mortífera ponzoña. Un hallazgo inesperado fue la ausencia de mención de las serpientes en el Códice de la Cruz Badiana, pues sabemos la fuerza simbólica que tenía y su asociación con la tierra y del agua de lluvia (Aguilera 1985, Sahagún 1985).
Aves
En el Códice de la Cruz-Badiana aparecen 16 tipos de aves en la elaboración de medicamentos. Las partes empleadas incluían desde los excrementos hasta la grasa, dándole especial valor a las piedras del buche, y se utilizaban desde los gorriones hasta los zopilotes, aunque vale indicar que los anátidos y las golondrinas eran de los grupos de aves más solicitados.
Los padecimientos involucrados son sumamente diversos, siendo los accesos de fiebre en los que
más se empleaban.
De este universo de aves sólo el colibrí fue detectado como remedio actual, además del perico, el cual no es mencionado en el códice. Respecto del primero, se identificaron tres especies de colibríes que son demandados como amuletos de buena suerte y los loros son utilizados como inductores del habla. En algunas regiones del sureste se usa la saliva del animal para dársela a los nifios que tardan en hablar (De María y Campos 1979). Esta creencia parece estar vigente en la actualidad, ya que en las
entrevistas se informó que el Perico Frente Naranja Aratinga canicularis Linnaeus suele conseguirse en el mercado de Sonora para este fin.
Mamíferos
De un total de 19 formas de mamíferos citados por Martín de la Cruz, a ocho se les atribuyen aún características curativas, además de otros dos, el mapache y el pécari, cuya presencia fue registrada en los recorridos por los mercados.
Son los vertebrados más demandados, de los cuales se comercian sobre todo los ungüentos, conteniendo grasa del animal y también diversos tipos de amuletos.
De acuerdo con el Códice de la Cruz Badiano, al tlacuache se le utilizaba para ayudar en el trabajo de parto y contra la obstrucción de la uretra, opciones que en general se apegan a lo comentado por otros autores de la época (Sahagún 1985), no obstante, en los comercios sólo se encontró su grasa,
formando parte de ungüentos frotados que sirven para los dolores reumáticos.
El zorrillo es un mamífero que se ha destacado en el aspecto medicinal, por lo cual merece especial atención. Recientemente su carne, grasa, pelos y vísceras forman parte de tratamientos para diversos males: de la piel, musculares, pulmonares y circulatorios (De María y Campos 1979). En los mercados se encontraron con frecuencia cápsulas de carne de zorrillo en polvo, que se venden a granel. Al igual que de la serpiente, la carne de este animal, considerada prodigiosa, es recomendada para el cáncer y males de la piel.
En el Códice de la Cruz-Badiano sólo aparece dentro de remedios en los cuales se utilizaba su sangre para la elaboración de medicamentos para tratar la fatiga de los administradores públicos.
En cuanto al armadillo, se encontró el uso de su carne seca para la artritis, asimismo el caparazón se comercia con relativa facilidad a un precio accesible y suele utilizarse como amuleto de buena suerte y protector de males. Barajas (1951 ), menciona que el polvo del caparazón del armadillo se vendía en solución en el mercado de Sonora para curar la tos ferina. De María y Campos (1979), afirma que la carne se consumía como remedio de diversos males y también se utilizaba el caparazón en algunos poblados de Michoacán y Oaxaca. Por tanto, parece que la utilización del animal con fines medicinales tiene relación con la aceptación culinaria que ha tenido su carne y así, al capturar al animal con fines gastronómicos, también se le saca partido otorgándole efectos medicinales, incluyendo su atractivo caparazón. Dentro de la obra de Martín de la Cruz se le asigna el mismo papel que se le da al zorrillo.
El coyote es un caso similar a los dos anteriores, en lo que se refiere a su empleo tal y como aparece en el Códice, aunque en la actualidad tiene usos más diversos. A su carne se le ha otorgado un papel
curativo en varios padecimientos: musculares, nerviosos, circulatorios, cáncer y diabetes (Barajas 1951 , De María y Campos 1979) y en los mercados se puede encontrar la grasa de coyote envasada, al parecer pura, pues no se mencionan los ingredientes, la cual es recomendada para padecimientos reumáticos.
Un animal que con frecuencia se encuentra en los establecimientos es el conejo.
En la actualidad sus patas y cola son muy utilizadas como amuletos de buena suerte y fortuna, los cuales se encontraron en todos los establecimientos que se han visitado. En esta práctica su relación astral y las características del animal, las patas ágiles y la cola que muestra como señal de alarma, pudieran tener un papel importante. En el Códice de la Cruz-Badiano se indica su empleo en el tratamiento para la contracción incipiente de rodilla, en cuyo caso será necesario comer las patas cocidas de un conejo. La carne de un conejo blanco debía ser ingerida para contrarrestar fatiga de administradores públicos y la sangre era parte de la mezcla que se aplicaba al que padecía gota.
Dentro del códice es clara la distinción que se hace respecto de cuándo debía emplearse
liebre y cuándo conejo, pues en dos casos (gota y problemas de rodilla) se indica el empleo simultáneo de ambos animales y en otros como la somnolencia, el trabajo de parto y la menstruación abundante, se hace referencia en específico a la liebre.
Respecto del venado, encontramos la piel manufacturada en bolsitas de la buena suerte que son muy demandadas. En el Códice de la Cruz-Badiano aparece mencionado de muy diversas formas dentro de numerosos tratamientos: orina para la caída de pelo, el cerebro molido contra el mal humor del pecho, el cuero para ayudar en el parto, el corazón quemado para dolencias cardíacas y el polvo del
asta para la caries, para la epilepsia, contra los piojos, la disentería y contra la menstruación abundante. Aparentemente varios de estos empleos aún existían hace algunas décadas (Barajas 1951, De María y Campos 1979, Pino et al. 2000).
Además de los lepóridos y el venado, en la actualidad podemos encontrar a otros dos mamíferos que se venden por su relación con la buena suerte; uno de ellos es el mapache, del cual se emplean las garras, y el otro es el pécari, cuyos elementos de venta son el colmillo y bolsitas de su cuero. Es importante señalar que De la Cruz (1964) no menciona el empleo de ninguno de ellos, aunque se indica que quienes padecían de calor excesivo debían comer una mezcla de hierbas, vísceras de varias aves y la piel seca de un pariente cercano del mapache: el coatí o tejón (Nasua).
Por último, el códice menciona el uso de huesos calcinados y el pelo de monos para ayudar en el trabajo de parto, lo cual indica que el animal era aprovechado medicinalmente.
Es importante recalcar que en la actualidad, a pesar de que la especie se encuentra protegida por la legislación, de alguna forma se sigue utilizando varias de sus partes como amuletos como son la conocida "mano de mono".
Por último, es interesante constatar que casi todos los animales que se registraron en los mercados como relacionados con el bienestar y la buena suerte tenían, en tiempos prehispánicos, una fuerte carga simbólica relacionada con la buena fortuna, el placer carnal y la astucia, tal como lo señalan Aguilera (1985), Sahagún (1985) y Valadez (1992):
• Camaleón. Los lacertilios en general eran símbolos del placer carnal y la no castidad.
• Serpiente de cascabel. Los nacidos en su signo estaban destinados a ser prósperos y felices.
• Colibríes. Eran símbolos del Sol.
• Mapache. Eran considerados ladrones astutos y ágiles, en parte por su habilidad manual.
• Venado. Quienes nacían en su signo eran afortunados, aunque de poco ánimo.
• Mono. Simbolizaban los placeres terrenales, el sexo y la voluptuosidad.
• Pécari. Este animal no posee un simbolismo claro relacionado con la buena fortuna, pero en excavaciones arqueológicas se han descubierto sus caninos perforados, justo para usarse colgados al cuello.